Zakk Wylde recuerda sus jams de 1995 con Guns N’ Roses: ‘La pasamos bien, pero nada se concretaba’

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Treinta años después, Zakk Wylde volvió a contar la historia del “qué hubiera pasado” más grande de su carrera: los ensayos de 1995 con Guns N’ Roses que pudieron convertirlo en el guitarrista de la banda más peligrosa del planeta, y que terminaron en nada. En el podcast Go With Elmo Lovano, el guitarrista recordó cómo fue que Axl Rose lo llamó, cómo sonaron juntos en una sala con Slash, Duff McKagan, Matt Sorum y Dizzy Reed, y por qué, pese a que la pasaron bien, de esas sesiones no salió jamás una banda.

La historia tiene un punto de partida muy concreto: Wylde estaba grabando con Ozzy Osbourne el disco “Ozzmosis” entre Nueva York y París cuando sonó el teléfono. Del otro lado estaba Axl Rose, a quien Zakk no conocía en persona. Guns N’ Roses acababa de quedarse sin Gilby Clarke, el guitarrista que había reemplazado a Izzy Stradlin, y buscaba un nuevo integrante. Slash, amigo de Wylde, puso su nombre sobre la mesa. Axl llamó. Zakk dijo que sí. Y así, sin audición formal ni ceremonia, el guitarrista de Ozzy terminó tocando con Guns N’ Roses.

La llamada de Axl

Wylde conocía a buena parte de la banda desde antes: a Slash, a Duff y al baterista original Steven Adler. Pero nunca había cruzado palabra con Axl ni con Izzy. Por eso, cuando el cantante lo llamó para invitarlo a tocar, todo fue tan directo como inesperado: venía a probar si la química funcionaba, no a rendir un examen.

El contexto ayuda a entender por qué Guns N’ Roses estaba en esa búsqueda. Tras la salida de Izzy Stradlin en 1991 y la gira maratónica de “Use Your Illusion”, la banda había entrado en una etapa de desgaste. Gilby Clarke, que había ocupado el puesto de segundo guitarrista entre 1991 y 1994, ya no estaba. El grupo necesitaba a alguien que pudiera pararse al lado de Slash sin desentonar, y el nombre de Wylde, que venía de grabar con Ozzy y de hacerse un nombre como uno de los guitarristas más pesados del momento, sonaba lógico.

Pero la banda que Zakk encontró en 1995 ya no era la máquina de 1991. Era un grupo en pausa, sin un proyecto claro por delante, y eso terminaría siendo decisivo.

En la sala con todos

Las sesiones se dieron en dos lugares: una sala de ensayo y la casa de Duff McKagan, donde el bajista tenía un pequeño estudio casero portátil. Allí quedaron grabadas un par de ideas, riffs sueltos que el grupo tocó y dejó en el aire. En la sala, un día, estaban todos: Matt Sorum en la batería, Slash, Duff, Axl, Dizzy Reed en los teclados y Zakk. Tocaron, pasaron el rato y la pasaron bien. Pero nada se concretaba.

Zakk Wylde en vivo con su guitarra

Con los años, Wylde fue agregando detalles a ese recuerdo. En una entrevista con Rolling Stone en el año 2000 contó que en esas sesiones nunca aparecieron melodías ni letras: cuando le preguntaba a Axl si tenía alguna letra, el cantante le respondía que estaba en medio de demandas judiciales, en referencia a los conflictos legales que Rose arrastraba desde 1994 con su exesposa Erin Everly y su expareja Stephanie Seymour. Sin canciones, sin letras y sin un plan, los ensayos quedaron en el limbo.

Duff McKagan, en su autobiografía de 2011, recordó la energía que Wylde llevó a esas sesiones y un detalle que pocos conocían: Zakk se sentó al piano que había contra la pared y lo tocó con una elegancia que sorprendió a todos, porque nadie sabía que tocaba piano. Duff también dejó constancia de lo esencial: grabaron algunas demos con él, pero nada prosperó.

Ozzy no podía esperar

Mientras tanto, del otro lado del teléfono estaba Ozzy Osbourne, que veía cómo su guitarrista pasaba los días entre dos bandas sin decidirse. La pregunta que le hizo Wylde quedó en la historia del rock: si iba a tocar con los muchachos o si iba a tocar con él. Y como Guns N’ Roses no terminaba de arrancar, Ozzy no se quedó esperando: contrató a Joe Holmes, un guitarrista notable y amigo de Zakk, y salió de gira con “Ozzmosis”.

Zakk, de pronto, se quedó sin ninguno de los dos trabajos. Y fue en ese vacío donde nació lo mejor de esta historia. Después de las sesiones de “Ozzmosis”, Wylde pasaba las noches en un bar de Nueva York llamado Brew’s, escuchando en la rocola a los Rolling Stones, Creedence Clearwater Revival, Eagles, The Band y Elton John, y volviendo a su cuarto a escribir canciones acústicas y tranquilas, muy lejos del metal pesado. De esas noches salió su disco solista “Book Of Shadows”, de 1996, un trabajo íntimo y melódico que todavía hoy sorprende a quienes solo lo conocen por Black Label Society.

De las cenizas nació Black Label Society

Después de girar con “Book Of Shadows”, Wylde entendió algo: todavía no estaba listo para ser un cantautor sentado en una silla, pero tampoco iba a quedarse esperando que otros decidieran su futuro. Hacia 1998, con un puñado de riffs guardados —entre ellos uno que había nacido en las sesiones con Guns N’ Roses— decidió hacerlo él mismo. Así nació Black Label Society.

Ese riff guardado terminó siendo “The Rose Petalled Garden”, una de las canciones del primer disco de Black Label Society, “Sonic Brew”. Es, hasta hoy, el único resto audible de lo que pudo haber sido la etapa de Zakk Wylde en Guns N’ Roses: un tema pesado, de esos que suenan a riff de ensayo que nunca llegó a ser canción de otro.

Black Label Society en vivo en el festival Wacken

El destino, además, le dio una segunda vuelta a la historia. En 2011, Black Label Society salió de gira con Guns N’ Roses, y Zakk se subió al escenario con ellos en varios shows para tocar un clásico de AC/DC, “Whole Lotta Rosie”. Fue la primera vez que volvía a tocar con Axl desde aquellos ensayos de 1995, y el propio Wylde lo recordó como un gran momento: risas, charla sobre música y sobre la vida, y la sensación de que, pese a todo, seguían siendo amigos.

De hecho, Wylde siempre insistió en que sigue siendo amigo de todos los miembros de Guns N’ Roses, y Black Label Society llegó a abrir shows para ellos, incluso en la gira de “Book Of Shadows”, en un estadio de Arizona.

¿Cómo hubiera sonado Slash con Wylde?

La pregunta que todo fan se hace es inevitable: ¿cómo hubiera sonado un Guns N’ Roses con Slash y Zakk Wylde juntos? El propio guitarrista la respondió en una entrevista con Gibson en 2015, con una honestidad que lo pinta de cuerpo entero: los solos de “November Rain” o “Sweet Child O’ Mine” tienen un solo dueño, y él no iba a tocar nada ahí. Pero el material nuevo que hubieran escrito juntos, con sus riffs mezclados con la forma de componer de la banda, eso sí hubiera sido interesante.

La respuesta, en el fondo, es la misma que da toda esta historia: con esos muchachos no pasaba nada, se tocaba pero no se avanzaba. Y sin embargo, de ese “nada” salieron dos cosas enormes: “Book Of Shadows” y Black Label Society, la banda que Wylde lidera desde hace casi 30 años y que lo convirtió en algo más que el guitarrista de Ozzy.

Hoy, Wylde reparte su tiempo entre Black Label Society, la celebración de Pantera, Zakk Sabbath y proyectos como Experience Hendrix y Generation Axe junto a Steve Vai, Nuno Bettencourt, Yngwie Malmsteen y Tosin Abasi. Tres décadas después de aquellos ensayos, la anécdota sigue fascinando porque muestra algo raro en el rock: una puerta que se abrió, una sala llena de leyendas tocando juntos, y una historia que no fue, pero que igual cambió la vida de quien la vivió.

El episodio del podcast Go With Elmo Lovano donde Wylde vuelve a contar esta historia resume bien ese espíritu: sin rencores, con humor y con la tranquilidad de quien sabe que, al final, hizo lo correcto al construir su propio camino.

Zakk Wylde en el podcast Go With Elmo Lovano, donde recordó sus jams de 1995 con Guns N’ Roses

WOX TV, woxtv.net

Nota de la redacción: Todas las noticias publicadas en Wox Tv son rigurosamente investigadas, redactadas y publicadas en exclusiva por el equipo periodístico de WOX NEWS.

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