Sharon Osbourne reveló que los médicos advirtieron a Ozzy que su show de despedida lo mataría

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Hay despedidas que se improvisan y despedidas que se eligen. La de Ozzy Osbourne fue una decisión consciente, tomada a pesar de que quienes más sabían de su cuerpo le dijeron, palabra por palabra, que podía costarle la vida. Así lo reveló esta semana su viuda, Sharon Osbourne, en una entrevista con la revista Rolling Stone, cuyos ecos recoge Loudwire: no uno, sino seis médicos advirtieron a la familia que el concierto de despedida del cantante podía matarlo.

Seis médicos, una advertencia

Según contó Sharon, después de que Ozzy saliera del hospital en Inglaterra, el matrimonio se sentó frente a un equipo de seis especialistas —los que llevaban su corazón, su Parkinson y sus pulmones— y escuchó la advertencia de frente: el concierto no era una buena idea y podía terminar con su vida.

“Dijeron que lo mataría”, relató Sharon. Pero Ozzy ya tenía su respuesta lista: para él no era una opción cancelar. Era lo que quería hacer.

La escena, contada por su esposa de más de cuatro décadas, no tiene dramatismo forzado: simplemente un hombre enfermo que sabía exactamente lo que estaba en juego y decidió pagar el precio. Sharon lo resume con una imagen que ya quedó para la historia: dice que su esposo se fue como un vikingo.

Él ya sabía que se estaba muriendo

Esta no es la primera vez que la familia habla del tema, y cada testimonio suma la misma pieza: Ozzy estaba plenamente consciente de la gravedad de su estado. Meses antes, en el pódcast Dumb Blonde, Sharon había contado que dos semanas antes del show los médicos les dijeron que probablemente podría morir. La respuesta del cantante fue del estilo que lo hizo leyenda: daba igual si eran dos semanas o seis meses, porque igual se estaba muriendo, y él quería irse a su manera. “Como una estrella de rock”, dijo ella entonces.

El cuadro clínico del cantante era devastador. El diagnóstico de Parkinson —una variante de la enfermedad— se había hecho público en 2020, aunque la enfermedad venía de antes. En 2019 sufrió una caída que le obligó a someterse a múltiples cirugías de columna. Después vinieron la sepsis, episodios de neumonía y un dolor crónico que, según Sharon, lo tenía postrado desde hacía años. En una entrevista de radio en febrero de 2025, el propio Ozzy admitió que ya no podía caminar.

En otra entrevista, con Piers Morgan, Sharon detalló la escena en el consultorio: cuando el médico principal le dijo que si hacía el show no iba a salir vivo de él, Ozzy lo miró y respondió que lo iba a hacer, que quería hacerlo y que lo haría. Sabía que su cuerpo le estaba fallando y que el dolor era inmenso. Pero había algo más fuerte: necesitaba decir gracias.

Ozzy Osbourne en su trono durante Back to the Beginning, Villa Park, 5 de julio de 2025

Back to the Beginning: la noche imposible

El 5 de julio de 2025, el estadio Villa Park de Birmingham —la ciudad que lo vio nacer— recibió a más de 42.000 personas para Back to the Beginning, la despedida anunciada de Ozzy Osbourne y de Black Sabbath. La demanda fue histórica: más de tres millones de solicitudes para 44.000 entradas, agotadas en minutos, y millones de espectadores siguiendo la transmisión en línea desde todo el mundo.

Fue una jornada maratónica con la dirección musical de Tom Morello y la conducción de Jason Momoa: Metallica, Guns N’ Roses, Slayer, Pantera, Tool, Gojira, Lamb of God, Mastodon, Halestorm, Anthrax, Alice in Chains y Rival Sons, además de un desfile de invitados especiales que incluyó a Steven Tyler, Sammy Hagar, Billy Corgan, Chad Smith, Ronnie Wood y Yungblud, entre muchos otros.

Pero el momento que el mundo esperaba llegó al final de la noche: la formación original de Black Sabbath —Ozzy, Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward— junta sobre un escenario por primera vez en más de veinte años. Ozzy, que ya no podía sostenerse de pie, cantó sentado en un trono negro coronado por un murciélago. Primero su set solista, con clásicos como “Crazy Train” y “Mama, I’m Coming Home”; después, los himnos de Sabbath: “Paranoid”, “Iron Man”.

En medio del concierto, el cantante se dirigió a la multitud con la voz quebrada: llevaba seis años postrado y les agradecía desde el fondo de su corazón. El show recaudó millones de libras para obras benéficas —entre ellas la lucha contra el Parkinson, el hospital infantil de Birmingham y un hospicio para niños—, convirtiendo la despedida en un acto de generosidad final.

Lo que casi nadie sabía entonces era que aquel hombre sentado en el trono estaba actuando contra el consejo expreso de media docena de médicos. Para Ozzy, sin embargo, había una razón que pesaba más que el miedo: su esposa lo ha dicho muchas veces y lo repitió ahora —su mayor historia de amor fue siempre con el público, y así era como quería despedirse. Una vez más. Y lo logró.

Diecisiete días después

El 22 de julio de 2025, apenas diecisiete días después de aquella noche en Villa Park, Ozzy Osbourne murió en su casa de Buckinghamshire, Inglaterra, a los 76 años. Su certificado de defunción, presentado por su hija Aimée Osbourne y obtenido por la prensa, estableció como causa un infarto agudo de miocardio con paro cardíaco, con la enfermedad arterial coronaria y el Parkinson como factores contribuyentes. En el documento, su ocupación quedó registrada con tres palabras que lo dicen todo: “Compositor, Intérprete y Leyenda del Rock”.

Sharon ha contado que las últimas dos semanas de su vida fueron, paradójicamente, las más felices que le vio pasar: sonreía todos los días, miraba los periódicos y le decía, casi incrédulo, que nunca había sabido que tanta gente lo quería. Sus últimas palabras para ella, en la madrugada de aquel 22 de julio, fueron un pedido simple: que lo besara y lo abrazara fuerte.

El 30 de julio, miles de personas llenaron las calles de Birmingham para despedir el cortejo fúnebre que llevó su ataúd por la ciudad, en una procesión que terminó frente al puente dedicado a Black Sabbath, convertido en altar espontáneo de flores, fotos y mensajes.

Ozzy Osbourne en concierto

El legado continúa en la pantalla grande

La historia de esa noche imposible no termina en Villa Park. La película-concierto Ozzy & Black Sabbath: Back to the Beginning, que documenta la despedida, tendrá su estreno mundial el 14 de octubre en el Orpheum Theatre de Los Ángeles —con alfombra morada y la familia Osbourne como anfitriona— y llegará a los cines de todo el mundo el 28 de octubre. Dirigida por Ben Wainwright-Pearce y producida por Mercury Studios, la cinta de dos horas y media promete ser el documento definitivo de la última vez que el Príncipe de las Tinieblas subió a un escenario.

Y mientras tanto, sus compañeros de banda siguen procesando la pérdida. Tony Iommi confesó esta semana al diario The Telegraph que la muerte de Ozzy lo hizo reflexionar mucho sobre su propia mortalidad; habló con él por última vez el 21 de julio, un día antes del final, y lo encontró exhausto. El guitarrista, de 78 años, prepara su disco solista From The Dark para el 23 de octubre y descartó un último álbum de Sabbath: el catálogo está cerrado.

Queda, entonces, la imagen final: un hombre enfermo, advertido por seis médicos de que el escenario podía matarlo, que eligió igual subirse a él para decir gracias. Ozzy Osbourne no murió en el escenario, como tantos temieron. Vivió diecisiete días más, feliz, rodeado de su gente, sabiendo que lo había logrado. Se despidió como quiso, a su manera, como una estrella de rock. Como un vikingo.

WOX TV, woxtv.net

Nota de la redacción: Todas las noticias publicadas en Wox Tv son rigurosamente investigadas, redactadas y publicadas en exclusiva por el equipo periodístico de WOX NEWS.

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